Las mujeres en nuestra agrupación sugirieron algunas actitudes
que una mujer puede asumir hacia el marido que está en vías de
restablecerse. Quizá crearon la impresión de que él tiene que ser
envuelto en algodones y colocado sobre un pedestal. La recuperación
exitosa es exactamente lo contrario. Todos los miembros de la familia
deben reunirse sobre un terreno común de tolerancia, comprensión y
amor. Esto implica un proceso de consideración recíproca entre los
miembros de la familia. El alcohólico, su esposa, sus hijos, sus
parientes: probablemente cada uno tenga sus ideas preconcebidas
sobre la actitud de la familia hacía él o ella. Cada uno desea que sus
deseos sean respetados. Nos damos cuenta de que entre más
concesiones pretende un miembro de la familia, más crece en los
demás el resentimiento. Esto es causa de discordia y de infelicidad.
¿Y por qué? ¿No será quizás porque cada uno desea recitar la
parte del actor principal? ¿No está cada quien tratando de imponer
las reglas del espectáculo según sus propios deseos? ¿No está
inconscientemente tratando de ver qué puede obtener de la familia,
en vez de qué puede dar?
El cesar de beber no es más que el primer paso para salir de una
situación enormemente tensa y anormal. Un médico nos dijo: El
vivir por años con un alcohólico vuelve casi seguramente neuróticos
a la esposa y a los hijos. La familia entera está, hasta cierta medida,
enferma." Es necesario que la familia comprenda, al emprender este
viaje, que no siempre hará buen tiempo. Cada uno en su turno puede
tener los pies adoloridos y permanecer a la zaga. Habrá atajos y
desviaciones atrayentes por los cuales se podrá vagar y perderse.
Déjenos indicarle algunos de los obstáculos que la familia
encontrará; déjenos sugerirle el modo de evitarlos, así como de
convertirlos en un beneficio para los demás. La familia de un
alcohólico desea el retorno de la felicidad y la seguridad. Ella recuerda
el tiempo en el cual el padre era afectuoso, activo y un hombre de
éxito. La vida actual es comparada con aquellos años, y como ha
desmerecido, la familia quizá sea desdichada.
La confianza de la familia en su padre llega a un punto alto. La
vida de antes, se piensa, regresará pronto. A veces se pretende que
papá la haga retornar ¡al instante! Dios ellos parecen creer casi
les debe esta recompensa desde hace mucho tiempo. Pero el jefe de
la casa ha pasado años demoliendo los fundamentos de los negocios,
de los afectos, de las amistades y de la salud, cosas semidestruidas o
en la ruina. Llevará tiempo retirar los escombros. Aunque los viejos
edificios serán remplazados por otros más bellos, pasarán años para
que las nuevas construcciones sean terminadas.
El padre sabe que tiene la culpa; habrá necesidad de trabajar
duro durante un largo período, antes que se esté económicamente a
gusto, pero no se le deben hacer reproches. Quizá ya no volverá a
disponer de mucho dinero. Pero la familia sabia lo admirará más por
lo que él está tratando de ser, que por lo que trate de ganar
económicamente.
De cuando en cuando la familia estará obsesionada con los
fantasmas del pasado, ya que la carrera de bebedor de casi todo
alcohólico ha quedado marcada con aventuras cómicas, humillantes,
vergonzosas o trágicas. El primer impulso será el de esconder estos
esqueletos en un cuarto obscuro y poner cerrojos a la puerta. Quizá
la familia tiene todavía la idea de que la felicidad futura no puede
basarse más que en el olvido del pasado. Nosotros pensamos que tal
opinión es egocéntrica y está en conflicto directo con el nuevo modo
de vivir recientemente instaurado.
Henry Ford dijo un día, muy sabiamente, que la experiencia es la
cosa de mayor valor en la vida. Esto es cierto si se está dispuesto a
hacer buen uso del pasado. Nosotros crecemos con nuestra buena
voluntad de encarar los errores y corregirlos, transformándolos en
un activo. El pasado del alcohólico llega a ser así el principal activo
y casi siempre ¡el único activo de la familia!
El doloroso pasado puede ser de inmenso valor y de ayuda para
otras familias que aún luchan con su problema. Pensamos que cada
familia que ha sido ayudada debe algo a aquéllas que aún no lo han
sido, y cuando se presente la ocasión cualquiera de sus miembros
debería estar dispuesto a sacar valerosamente de su escondite los
errores de un tiempo, sin importarle cuán doloroso pueda resultarle
esto. Para nosotros, mostrarles a los que sufren la manera en que
hemos sido ayudados es lo que hace que valga la pena vivir la vida.
Lleve en su pensamiento que en las manos de Dios el obscuro pasado
es la más grande posesión que ahora tiene usted. Es la llave de la
vida y de la felicidad de los demás. Con ella, usted les puede evitar la
muerte y la infelicidad.
Puede ocurrir que desenterrar las culpas del pasado se convierta
en una plaga, en un verdadero flagelo. Por ejemplo, sabemos de casos
en que el alcohólico o su mujer han tenido aventuras amorosas. En el
transcurso de su primera experiencia espiritual, ellos se perdonaron
recíprocamente y se acercaron aun más. El milagro de la
reconciliación estaba al alcance de la mano. Entonces, bajo el impulso
de una provocación cualquiera, la parte herida desenterró la vieja
historia y esparció rabiosamente las cenizas. Cualquiera de nosotros
tiene experiencia de estas crisis y sabemos que hacen sufrir mucho.
En algunos casos, marido y mujer han debido separarse por algún
tiempo, antes de poder lograr un nuevo modo de ver las cosas, una
nueva victoria sobre el amor propio herido. En la mayor parte de los
casos, el alcohólico ha superado esta dura prueba sin recaer, pero no
siempre. Opinamos por qué no se debe hablar, sin motivos buenos y
útiles, de cuanto ha ocurrido en el pasado.
Nosotros, los familiares de alcohólicos, mantenemos pocos
esqueletos escondidos. Todos nosotros conocemos los problemas
alcohólicos de los demás. Ésta es una situación que en la vida ordinaria
sería fuente de incalculable dolor; podría haber chismes escandalosos;
risa y maldad a expensas de otras personas y una tendencia a abusar
de información íntima. Entre nosotros, esto ocurre raramente.
Hablamos, en verdad, mucho de nosotros, pero casi siempre nuestras
pláticas están templadas con un espíritu de caridad y tolerancia.
Otro principio que observamos con extrema atención es el de
no relatar experiencias íntimas de otra persona, a menos que ésta
nos haya dado su autorización. Preferimos atenernos en lo posible
a nuestras historias personales. Uno puede criticarse y reírse de sí
mismo y esto les beneficiará a los demás, pero si la critica o el
ridículo proviene de otra persona produce el efecto contrario. Los
miembros de una familia deberían prestar mucha atención a estos
principios, pues una observación desconsiderada o poco delicada
puede suscitar un infierno. los alcohólicos somos gente
susceptible. A algunos de nosotros les lleva mucho tiempo superar
esta innata debilidad.
Muchos alcohólicos son entusiastas. Pasan de un extremo a otro.
Al principio de su recuperación, un hombre tomará como regla una
de estas dos direcciones: podrá intentar, de manera frenética,
consolidar nuevamente su posición económica, o podrá estar
totalmente encantado con su nueva vida como para no hablar o pensar
en otra cosa. En cualquiera de los dos casos se presentarán problemas
familiares. Tenemos una abundante experiencia sobre esto.
Consideramos peligroso que se lance de cabeza sobre la
solución de su problema económico. La familia también se verá
afectada, al principio placenteramente, ya que pensará que los
problemas de dinero están por resolverse, y después ya no muy
agradablemente, pues se sentirá descuidada. Papá podrá estar
agotado en la noche y preocupado durante el día. Podrá interesarse
poco en los hijos e irritarse cuando se le reproche su negligencia.
Si no irritable, podrá parecer monótono y aburrido, no alegre y
no afectuoso. Mamá podrá quejarse de que no se ocupa lo
suficiente de ella. Todos estarán desilusionados y a menudo lo
demostrarán. Ante tales quejas se levanta una barrera. Él tiene
todos los nervios tensos por su esfuerzo para recuperar su fortuna
y su reputación, y piensa que lo está haciendo bien.
Hay veces que la madre y los hijos no lo piensan así. Como en un
tiempo fueron descuidados y maltratados, piensan que el padre les
debe más de lo que les está dando. Desean que los colme de
atenciones. Esperan que vuelvan los hermosos tiempos de antes,
cuando no había exagerado en la bebida, y que se muestre arrepentido
por lo que ellos han padecido. Pero el papá no se prodiga lo suficiente.
El resentimiento aumenta. Él se vuelve aun menos comunicativo.
Algunas veces explota por una pequeñez. La familia está
desorientada. Todos lo critican y le hacen ver cómo viene a menos
en su programa espiritual.
Cosas como éstas pueden evitarse. Tanto el padre como la familia
están en un error, aunque ambas partes pueden tener cierta
justificación. Es inútil discutir, eso no hace más que agravar la
situación. La familia debe comprender que papá, si bien
extraordinariamente mejorado, aún está convaleciente. Ellos deben
agradecer al cielo que él esté sobrio y sea capaz de insertarse de
nuevo en la sociedad. Ellos deben elogiar sus progresos y recordar
que su manera de beber causó una gran cantidad de daños, que para
remediarlos pasará quizá mucho tiempo. Si intuyen estas cosas, no
tomarán a lo trágico sus periodos de mal humor, de depresión o de
apatía, los cuales desaparecerán cuando haya tolerancia, amor y
comprensión espiritual.
El jefe de la casa debe recordar que es el principal responsable
de cuanto ha ocurrido en su casa. Ya mucho hará con poner orden
durante todo el tiempo que le quede de vida. Pero debe aprender a
ver el peligro que significa concentrarse demasiado en el éxito
financiero. Aunque la recuperación financiera se nos presentará a
nosotros, estamos de acuerdo en que no podemos dar preferencia al
dinero. Para nosotros, el bienestar material siempre ha seguido al
progreso espiritual, jamás ha sido al revés.
Debido a que la familia es la que más ha sufrido, está bien que el
hombre se consagre a ella. No es posible que vaya muy lejos en
todas las demás direcciones si no comienza por mostrar altruismo y
amor bajo el techo propio. Sabemos, y es verdad, que hay esposas y
familias difíciles, pero el hombre que esté superando el alcoholismo
debe recordar que él tuvo mucho que ver en ello.
Cuando cada miembro de una familia llena de resentimientos
comienza a admitir sus propias deficiencias y las confiesa a otros,
está poniendo las bases para una discusión constructiva. Estas
conversaciones familiares serán de hecho constructivas si no hay
discusiones acaloradas, conmiseraciones, justificaciones o críticas
ásperas. Poco a poco, la madre y los hijos se darán cuenta de que
exigen demasiado, y el padre verá que está dando demasiado poco.
Dar más que recibir se convertirá en su principio de vida.
Supongamos, por otro lado, que el padre haya tenido una
experiencia espiritual excepcional. De un día para el otro se ha
convertido, por así decirlo, en otro hombre. Se ha convertido en un
entusiasta de la religión. Es incapaz de pensar en otra cosa. Apenas
su sobriedad comienza a darse por descontada, puede ser que sus
familiares miren al extraño nuevo papá con aprensión al principio y
después con irritación. Desde la mañana hasta la medianoche no se
habla más que de argumentos espirituales. Él puede pretender que la
familia encuentre a Dios en un abrir y cerrar de ojos, o puede mostrar
hacia ellos una indiferencia asombrosa y declarar ser superior a las
consideraciones terrenas. A la mamá, que ha sido religiosa toda
su vida, puede decirle que no ha comprendido nada de religión,
que haría mejor en adoptar su tipo de espiritualidad mientras esté
a tiempo de hacerlo.
Cuando el padre toma esta vía, la familia, madre e hijos, puede
reaccionar desfavorablemente. Incluso pueden estar celosos de un
Dios que les ha robado el afecto de papá. Al mismo tiempo que están
agradecidos de que él ya no beba, puede no agradarles la idea de que
Dios haya hecho un milagro allí donde ellos no pudieron hacer nada.
A menudo olvidan que ningún auxilio humano habría podido
salvar a papá. Quizá no comprendan por qué su amor y su devoción
no pudieron conducirlo de nuevo al camino recto. Después de
todo se dicen , papá no es un tipo tan espiritual. Si él intenta
reparar sus pasadas culpas, ¿por qué tanta preocupación por todo
el mundo, menos por su familia? ¿Qué trata de decir con eso de
que Dios se hará cargo de ellos? Empiezan a sospechar que ¡papá
está un poco chiflado!
Él no tiene tan poco equilibrio como ellos pudieran pensar.
Muchos de nosotros hemos experimentado la euforia de este papá.
Tuvimos una intoxicación espiritual. Éramos como el pordiosero
hambriento que, ajustándose el cinturón ante sus últimas reservas de
alimento, de pronto encuentra un filón de oro. Nuestra alegría por
haber escapado de una vida de frustraciones no tenía límites. Papá
cree que ha encontrado algo mejor que el oro. Durante un cierto
tiempo estará tentado a acariciar este tesoro y a guardarlo para él
solo. No verá de inmediato que, de hecho, sólo ha desenterrado la
pequeña punta de un venero inagotable y que este filón le reportará
dividendos solamente si continúa cavando el resto de su vida y
cediendo indefectiblemente todo el producto a los demás.
Si la familia coopera, papá advertirá muy pronto que él está
sufriendo una distorsión de valores. Entenderá que su crecimiento
espiritual peca de unilateral; que, para un hombre medio como él,
una vida espiritual que no incluya los propios deberes familiares
puede, a fin de cuentas, no ser tan perfecta. Si la familia comprende
que el comportamiento actual del padre no es más que una fase de su
crecimiento, todo se resolverá bien. En un clima familiar de
comprensión y simpatía, el neófito de la espiritualidad pondrá fin
prontamente a sus fantasías espirituales.
Pero esto es lo que puede ocurrir si la familia condena al padre y
lo critica: después de varios años en los que, a causa de su alcoholismo,
papá creyó que sacaba la peor parte en cada enfrentamiento, ahora
siente que, con Dios de su lado, él está encima de los demás. Si la
familia persiste en criticarlo, él se confortará con este sentimiento de
superioridad. Más que tratar a su familia como debiera, el padre se
retraerá aun más y se sentirá espiritualmente justificado para actuar
de esta manera.
Aunque los miembros de la familia no aprueben completamente
las actividades espirituales del padre, más vale que lo dejen actuar a
su modo. Y aun si él demuestra un cierto grado de negligencia y de
irresponsabilidad, es recomendable dejarlo actuar como desee a favor
de otros alcohólicos. En sus primeros días de convalecencia
alcohólica, no hay mejor garantía para que se mantenga sin beber.
Aun cuando algunos de sus comportamientos son alarmantes y
desagradables, creemos que este punto de partida es más seguro que
si él pusiera el éxito profesional o financiero antes que el progreso
espiritual. Así será menos proclive a volver a beber, y eso vale más
que cualquier otra cosa.
Los que estuvimos mucho tiempo en el mundo de la fantasía
espiritual, hemos terminado por ver nuestro carácter pueril. Este
mundo de sueños ha dado lugar a un deseo profundo de ser útil,
acompañado de una conciencia siempre más viva de la presencia de
Dios en nuestras vidas. Dios, hemos llegado a creer, quiere que
pongamos la cabeza cerca de Él, pero que mantengamos firmemente
nuestros pies sobre el suelo. Aquí es donde se encuentran nuestros
compañeros de viaje y donde debemos hacer nuestro trabajo. Aquí
es donde se encuentra nuestra realidad. No hay nada incompatible
entre una experiencia espiritual intensa y una vida sana y feliz,
encaminada a convertirnos en personas útiles.
Otra sugerencia: ya sea que los miembros de la familia tengan o
no convicciones espirituales, harían bien en examinar los principios
que el alcohólico trata de poner en práctica. No podrán desaprobar
estos preceptos simples, aun si el jefe de la casa no los aplica a la
perfección. Nada ayudará más al hombre lanzado sobre la vía
espiritual que ver a su esposa adoptar un buen programa de
espiritualidad y vivirlo mejor que él.
Otros cambios profundos van a producirse en la casa. Como el
alcohol debilitó al papá durante muchos años, la madre se convirtió
en jefa de la familia. Ella asumió valientemente esta responsabilidad.
Las circunstancias la forzaron a tratar al padre como a una persona
enferma o como a un niño caprichoso. Aun cuando éste quería hacer
valer su autoridad, no podía porque el hecho de beber lo ponía
constantemente del lado del error. Era la madre la que cumplía con
la tarea de planificar y dirigir todo. Cuando no bebía, el padre
generalmente obedecía. Así, sin que nunca lo hubiese querido, la
madre se habituó a llevar los pantalones en la casa. Pero de repente
el padre renace a la vida y quiere hacerse valer. Habrá problemas a
menos que los miembros de la familia repriman la tendencia a dominar
de ambas partes, y se llegue a un mutuo entendimiento amigable.
El alcoholismo aísla del resto del mundo a la mayoría de los
hogares que toca. El padre quizás hizo a un lado durante años toda
actividad normal, como su participación en clubes sociales o
asociaciones de ciudadanos, o aun la práctica de un deporte. Al
mostrar nuevamente interés en estas ocupaciones, puede suscitar
un sentimiento de celos. La familia piensa que tiene a papá
hipotecado y que, por lo tanto, no puede haber ningún beneficio
para los demás derivado de tal hipoteca. En vez de participar ellos
mismos en actividades nuevas, la madre y los hijos le exigen al
padre una presencia casi permanente en casa, a fin de recuperar
el tiempo perdido.
Desde el mismo comienzo, la pareja debe hacerse a la idea de
que alguien tiene que ceder algo si se pretende que la familia
desempeñe un papel eficaz en la nueva vida que se anuncia. El padre
pasará necesariamente mucho tiempo con otros alcohólicos, pero
esta actividad deberá estar equilibrada. Puede entablar amistad con
personas no alcohólicas y considerar con atención sus intereses. Los
problemas de la comunidad también exigirán su atención. Aunque la
familia no tenga contactos religiosos, quizá sus miembros deseen
establecerlos con algún grupo y aun convertirse en miembros de él.
Estas relaciones podrían aportar mucho a los alcohólicos que se
burlaran de aquéllos que tuviesen convicciones religiosas. A causa
de su experiencia espiritual, el alcohólico descubrirá que tiene mucho
en común con estos hombres y mujeres, aun cuando no coincidan en
varios puntos. Si no se pone a discutir de religión, hará nuevos amigos
y encontrará ciertamente nuevas formas de ser útil y de distraerse. Él
y su familia pueden tomar un lugar importante en el seno de estas
agrupaciones. El alcohólico restablecido puede renovar la esperanza
y el coraje de sacerdotes, ministros o rabinos, los cuales consagran
lo mejor de ellos mismos a nuestro mundo turbulento. Nosotros
proponemos lo anterior a título de sugerencia y no como obligación.
No pertenecemos a ninguna religión; no buscamos decidir por otros
acerca de ese tema. Le toca a cada quien actuar, haciéndole caso a su
propia conciencia.
Hasta este punto hemos tratado cosas serias, a veces incluso
trágicas. Tratamos sobre el alcohol en sus peores aspectos. Sin
embargo, no somos tristes ni melancólicos. Si los recién llegados no
encontrasen ninguna alegría ni buen humor en nuestra existencia, no
querrían una igual para ellos. Nosotros estamos plenamente
convencidos de que hay que disfrutar la vida. Tratamos de no
regodearnos en el cinismo ante la situación mundial ni de llevar sobre
nuestros hombros los pecados del mundo. En cuanto vemos que
alguien se atasca en el fango del alcoholismo, le prodigamos los
primeros auxilios y ponemos nuestros recursos a su disposición. Por
él aceptamos con todo gusto volver a relatar y a vivir, por así decirlo,
los horrores de nuestro pasado. Pero aquellos de nosotros que han
intentado echar sobre sus hombros las penas de los demás, han sido
aplastados por ellas.
Creemos entonces que la risa y la alegría pueden ser de una gran
utilidad. Las personas del exterior a veces se escandalizan cuando
estallamos en risas por el recuerdo de una experiencia pasada, en
apariencia trágica. ¿Y por qué debíamos de privarnos de reír? Estamos
ahora restablecidos y hemos sido dotados con el poder de ayudar a
los demás.
Todo el mundo sabe que casi nunca se ríen las personas con mala
salud y las que raramente se divierten. Dejemos entonces a los
miembros de cada familia divertirse entre ellos, o separadamente, en
tanto las circunstancias lo permitan. Estamos seguros de que Dios
nos quiere dichosos, felices y libres. No podemos adherirnos a la
idea de que la vida es un valle de lágrimas, aunque así lo haya sido
en una ocasión para muchos de nosotros. Pero es evidente que hemos
sido nosotros los causantes de nuestra propia miseria. Esta no es la
obra de Dios. No inventemos la desdicha y saquemos provecho de
los problemas cuando lleguen, regocijándonos de la ocasión que se
nos dé para demostrar toda Su omnipotencia.
Hablemos ahora de la salud. Un cuerpo que ha padecido las graves
heridas del alcohol no se restablece de la noche a la mañana, ni
tampoco el pensamiento torcido y la depresión desaparecen en un
parpadeo. Estamos convencidos de que un modo de vida espiritual
es el remedio más poderoso para recuperar la salud. Para nosotros,
que estamos restablecidos de un problema grave de alcohol, la salud
mental es un verdadero milagro. Pero también hemos visto cambios
extraordinarios en nuestros cuerpos. Es difícil que alguno de los
nuestros muestre ahora algún signo de la disipación pasada.
Esto no quiere decir que no tengamos en cuenta los medios de
curación puestos a nuestra disposición. Dios ha provisto
generosamente a este mundo de buenos médicos, psicólogos y
especialistas de toda clase. No dude en confiar sus problemas de
salud a estos profesionales. La mayoría de ellos se consagra a fin de
que sus pacientes puedan tener una mente y un cuerpo sanos. Trate
de recordar que, aunque Dios ha realizado milagros entre nosotros,
no debemos subestimar a un buen médico o a un buen psiquiatra.
Sus servicios son a menudo indispensables para tratar a un recién
llegado y para seguir sucesivamente su caso.
Uno de los numerosos médicos que tuvieron la ocasión de leer
este libro en su forma manuscrita, nos decía que comer caramelos
podría ayudar a menudo al paciente, siempre y cuando el médico
diese su aprobación. Según él, todos los alcohólicos deberían tener
chocolates al alcance de la mano, en razón de su aporte inmediato de
energía en los momentos de fatiga. Agregaba que los caramelos eran
recomendables para calmar la sensación de vacío que los alcohólicos
experimentan ocasionalmente en las noches. Muchos hemos
descubierto que nos gustan los alimentos dulces y que nos ayudan.
Una palabra sobre las relaciones sexuales. Para ciertos hombres,
el alcohol se revela como un estimulante, de modo que ellos abusan
en este sentido. Hay parejas que se sienten consternadas al descubrir
que el alcohólico que cesa de beber ahora da señales de impotencia
sexual. A menos que se comprenda la razón de esto, el hombre puede
estar emocionalmente abrumado por este problema. Algunos de
nosotros hemos vivido esta experiencia, sólo para disfrutar después
de algunos meses una intimidad aun más hermosa. No se debe titubear
para consultar a un médico o a un psicólogo si la situación persiste.
Hasta donde sabemos, existen pocos casos en que el problema haya
durado mucho tiempo.
El alcohólico puede encontrar dificultad en restablecer relaciones
amigables con sus hijos. Su joven imaginación fue afectada mientras
él bebía. Sin que lo digan, podría ser que detestaran a su padre por lo
que les hizo a ellos y a su madre. Los niños son a veces capaces de
una dureza y un escepticismo patéticos. Se muestran incapaces de
perdonar y de olvidar. Esto puede durar meses y terminar mucho
tiempo después que su madre haya aceptado el nuevo modo de vida
y la nueva forma de pensar del padre.
Pero a la larga ellos comprenderán que su padre es un hombre
nuevo y, a su manera, se lo harán saber. Y cuando esto se produzca,
ellos podrían ser invitados a unirse a la meditación de la mañana y a
tomar parte en la diaria plática, sin rencor y sin tomar partido. A
partir de ese momento, el progreso será rápido. Estos reencuentros
dan a menudo resultados maravillosos.
Independientemente de que la familia acepte o no vivir sobre
una base espiritual, el alcohólico deberá hacerlo si quiere
restablecerse. Falta que los demás puedan creer, sin sombra de duda,
en su nueva orientación. Para la mayoría de los miembros de una
familia que ha vivido con un alcohólico, ver es creer.
A propósito, aquí está un caso. Uno de nuestros amigos era un
fumador y bebedor de café empedernido. No hay duda de que su
consumo era excesivo. Deseosa de ayudarlo, su esposa comenzó a
reprochárselo. Él reconoció que exageraba, pero decía que no
estaba dispuesto a dejar de hacerlo. Su esposa, que era de las que
encuentran algo anormal en estas prácticas, se puso a hostigarlo a
tal punto que su intolerancia acabó por provocarle un acceso de
cólera. Se emborrachó.
Es cierto: nuestro amigo estaba equivocado, totalmente
equivocado. Debió admitirlo dolorosamente y se puso a restablecer
sus relaciones personales con Dios y con su esposa. Aunque hoy es
un miembro muy activo de Alcohólicos Anónimos, aún fuma y bebe
café; sin embargo, ni su mujer ni nadie lo juzga por esto. La esposa,
a su vez, también debió admitir que había hecho mal en insistir en
dicho asunto, cuando su marido se restablecía rápidamente de males
mucho más graves.
Para este propósito tenemos tres dichos, que son:
PRIMERO LO PRIMERO", [First things first!]
VIVE Y DEJA VIVIR" [Live and let live] y
POCO A POCO SE VA LEJOS". [Easy does it]
updated: September 14, 1997
LA FAMILIA Y LA RECUPERACIÓN